OPEN EUROPEO DE AGILITY

PAPENDAL (Holanda)

 

    ¿Cuanto ha dado de sí esta nueva edición del European Open?

    Bien, el balance general, en cuanto a su organización, ha sido bastante positivo.

 

    Pero antes, vamos a tomar el tema desde el principio...

 

    Dentro de nuestra particular filosofía de entender en qué consiste acudir a un gran evento agilitista (si por esto entendemos a todo aquel que reúna a participantes de un cierto nivel, venidos de puntos muy distantes de nuestro planeta), antes de empezar a sumergirnos en un ambiente netamente canino... nos pasamos unos cuantos días de vacaciones.

 

    Ya que "pilla de camino", en nuestra ruta hacia el norte europeo (y contando conque partimos de nuestra castiza Madrid), hacemos una escala en Zaragoza.

 

 

Este maño estaba sentado cerca del Centro de Zaragoza, así que, ¡vamos a ver que se ve desde esta perspectiva!

 

    Nos damos un paseo por la ciudad, y comemos en una terraza, "haciendo tiempo" hasta llegar a la hora mágica del Agility.

 

    Mientras nos tomamos un refresco, comenzamos a oír enormes estampidos.

    Nos encontramos a pocos metros de la Plaza del Pilar, lugar muy frecuentado por parejas de novios en pleno acto de contraer matrimonio, mientras los invitados al enlace frecuentan los bares más próximos (generalmente "pasan" de la ceremonia eclesiástica).

    Pues bien, no llegamos a saber a ciencia cierta si los enormes (no, ENORMES) estampidos eran cohetes o petardos celebrando las nuevas bodas, o algún suegro enfurecido tras el novio recién arrepentido y en fuga.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Que escandalosos!

 

    De verdad, creedme, en Zaragoza, los petardos, como los caramelos. ¡Para que hacer un Chupa Chups, si se puede fabricar un ladrillo que amenaza con asfixiarte!

 

   Los compañeros de L'Almozara organizan una maratoniana prueba doble nocturna.

    Realmente agotadora, por cierto.

    Cuidan muchos detalles.

    Invitan a un bocata y helado a los participantes, además de una gran mesa buffet libre de gusanitos, patatas fritas, peladillas, aceitunas, etc. (parece un cumpleaños infantil).

    ¡Ah! ¡Debe ser por el cumple de Julián, nuestro "Paquirrin" particular!

    Hay diversos espectáculos, con cariocas flamígeras, demostraciones caninas, etc.

    Juan Gª. Rudilla no puede decir que se esté quemando la cabeza por el sol, esta vez, pero va a acabar reventado.

    La prueba finaliza con las luces del amanecer.

 

    En nuestro caso, nos quedan por delante más de mil kilómetros, puesto que pretendemos llegar a París.

    En la zona de acampada creada para la ocasión quedan los participantes que recuperan horas de sueño perdidas, antes de volver a sus casas.

    Nosotros tratamos de dormir unas horas, en previsión de la larga jornada de carretera que nos espera.

    En todo caso, "sarna con gusto, no pica".

 

    Parece que no hemos hecho más que cerrar los párpados, y ya nos estamos levantando.

    Una duchita, y como nuevo.

 

    Nos despedimos de Jara, nuestra compañera, que nos ha acompañado hasta Zaragoza, pero que no ha tenido el valor de acompañarnos hasta más allá de nuestras fronteras.

    Va de visita a casa de sus abuelos, pero sabemos que, en el fondo, no le hubiera importado hacerse un huequito en el Schnauzermovil (en su corazoncito ya ha brotado la pasión por las barbas).

 

 

Este es el culpable.

 

Emprendemos viaje.

En un par de horas estaremos cruzando la frontera, entrando en territorio francés.

Como ya he dicho, viajamos en un ambiente netamente pro-Schnauzer.

A Aarón también le tiran los pequeños barbudos.

En su caso, barbuda.

 

 

¡Tachaaan! Nuca.

 

    No vamos a arriesgar nuestra integridad por cumplir un horario prefijado, pero tenemos intención de, sin prisa pero con sólo breves pausas, llegar hoy domingo a París.

 

 

Y aquí estamos los cuatro, en una de las mencionadas pausas.

Es la hora de la comida.

 

   Cruzar Francia es caro.

    Prácticamente todo son autopistas de peaje.

    En lo que a firme (asfalto) o configuración, no son mejores que las nuestras.

    No mejores que nuestras autopistas de peaje, ni aún siquiera que nuestras autovías gratuitas (nada que envidiar).

    Incluso en Francia la cantidad de trafico de camiones es infinitamente mayor que en nuestras carreteras, con la consiguiente "molestia".

    En lo que sí nos superan, y además por impresionante goleada, es en las Areas de Descanso.

    Hay muchísimas, cada 20 o 25 kilómetros, con todo tipo de servicios.

    Diremos que es normal en una carretera de peaje, pero en sus homologas españolas también pagamos y comparativamente estamos en mantillas.

 

    Pues nada, parando de vez en cuando a estirar las piernas y patas, a repostar y/o a miccionar (mientras, al lado, la gente meaba), ya habiendo anochecido, llegamos a París, tomando posesión de nuestra habitación.

    Tardamos un poco en llegar, a causa de una fuerte retención a la entrada a la capital gala.

    Subimos nuestras pertenencias a la habitación, y aprovechamos para dar un tranquilo paseo con Wirbel y Bengel (que dicen que ya han tenido suficiente coche por hoy).

    Tras relajarnos, ¡habrá que cenar!, ¿no?

 

 

    Ya es lunes, y no estamos en París por casualidad.

    Querríamos, a priori, ver lo más destacable de esta ciudad, o al menos lo que todos los guiris ven cuando vienen a ella.

    ¡Y vaya si lo hacemos!

 

 

 

Los Campos Elíseos, engalanados para coronar a un español, nuevamente, como Rey de su Tour de France.

Esperando a que la meticulosa organización la cagase con nuestro Himno Nacional.

Por algún lado han de reventar...

 

    El schnauzermovil bien aparcadito y, a patita (a dos, o a cuatro, según la especie animal) nos recorremos el lugar, Rue a Rue.

 

 

¡Vaya por Dios, si resulta que los parisinos tienen hasta río!

 

    Como a los niños no los van a dejar subir, lo hacemos Aarón y yo únicamente.

    Subiendo por las escaleras, que es como lo hacemos los que tenemos un par... un par de piernas preparadas para escalar los 668 escalones, hasta la primera plataforma.

 

 

Véase la prueba de la sin par hazaña realizada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para los que no creen que hayamos tenido el valor de subir por la escalera.

 

    Estamos hablando, como no, de la Torre Eiffel.

 

Esta se va a convertir en la foto más cotizada en W.E.L.P.E.

Llevan días esperándola.

 

 

Hombre, bonita es, hay que reconocerlo.

 

 

Antes de subir, hay que esperar las grandes colas formadas para comprar las entradas.

Hay que dar oportunidad a los rateros para que realicen su labor.

 

    Merece la pena la paliza de subir, por las vistas, y porque desde arriba puedes asegurarte de que tu coche sigue aparcado en el mismo sitio, si lo has dejado en la calle.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una serie de instantáneas de lo que se puede observar desde la primera plataforma de la Torre Eiffel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y esto desde arriba del todo.

¿A que parece una maqueta?

 

    Se ve todo Paris y, aguzando la vista, la bandera de España de la Plaza de Colón, en Madrid.

 

 

A esta distancia estamos, exactamente, del cielo (de Madrid a...).

 

 

Y a esta del suelo.

 

 

Como sabían que veníamos, han aprovechado para pintar.

 

 

Intentamos alquilar una, para paliar el esfuerzo de volver hasta los Campos Elíseos.

No hay manera.

Algún inconveniente han de tener las tarjetas de crédito falsas...

 

    A falta de bicicleta, emprendemos el camino de regreso a nuestro punto de partida, en los Campos Elíseos.

    Por cierto, como es de suponer, ya hemos bajado del mecano gigante.

    Es hora de comer, y nos resta todavía bastante por ver.

 

 

Esto viene a recordarme, que es el turno de que los schnauzers  dejen su huella en París.

 

    No quiero dejar pasar la oportunidad de señalar que París, gran ciudad, ejemplo para algunos, la "Ciudad de la Luz" , ha de ser calificada como CIUDAD ANTIPERROS.

    No hay Libertad para pasear con nuestros amigos caninos.

    La mayoría de los parques y jardines están vedados a nuestros colegas cuadrúpedos.

    No hablo sólo del césped. No puedes siquiera acceder al parque en sí.

    Ya quisiera esta ciudad estar en Igualdad con sus vecinas alemanas, holandesas o belgas.

    En ellas, nosotros al menos, no hemos tenido ningún problema.

    Y nos hemos cruzado con la policía en todas ellas.

    Evidentemente, por la calle Wirbel y Bengel han podido pasear, pues de otro modo esto hubiera rozado el tercermundismo.

    Pero, en tema canino, la Fraternidad parisina ha debido hace tiempo ser guillotinada.

    En Madrid tenemos ciertamente pocos Sanecanes (papeleras con bolsas para los excrementos caninos) para mi gusto.

    En muchos de los pocos existentes, no hay, a veces bolsas.

    En Paris no pueden quejarse de la falta de mantenimiento de los Sanecanes.

    NO HAY.

    C'est magnifique!

 

Aarón se encuentra con un par de amiguetes.

 

    Fuerzas renovadas, estómagos saciados, perros listos para husmear, llamar la atención y, sobre todo, posar...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tenemos pruebas de que hemos estado en el Arco del Triunfo...

 

 

...hemos visitado la estatua del General de Gaulle...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

...el obelisco (u Obelixco) de Lúxor, en la Plaza de la Concordia...

 

 

...los jardines del Louvre...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

...y, aunque no hemos entrado a ver las pinturas, esculturas, etc., hemos aprovechado para ver la famosa pirámide de cristal de la entrada.

La encargó François Mitterrand, Presidente de la Republica.

La plaza no es que haga cuesta, es que la cámara...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con todos los respetos, por los alrededores pasea gente, en algunos casos bastante fea, pero ninguna es "El Jorobado".

Por supuesto, estamos frente a la catedral de Notre-Dame.

 

   Y el resto, callejear.

    Como en el resto de Europa, exceptuando España, a partir de las 7 de la tarde, las terrazas se llenan de gente cenando, así que, a las "ocho y pico", vamos desandando lo recorrido, en dirección a nuestro medio de transporte.

    Nos hemos desfondado a andar, y apetece no llegar demasiado tarde al hotel, para dejar a los peques correr en un campo de césped cercano, y cenar.

    De camino al coche, Wirbel y Bengel se meten entre pecho y espalda un plátano y una pera (grandecita ella) cada uno.

 

 

    Amanece un nuevo martes, en París.

    Y nos vamos a tierras más acogedoras para Wirbel y Bengel.

    Nos marchamos a la patria de Tintín, dejando atrás la de Asterix.

    Es curioso:

    Tintín (belga) tenía perro, y le acompañaba en todos sus viajes.

    En el caso de Asterix (francés) no.

    El no tenía perro.

    El que tenía perro era Obelix.

    Y claro, cuando la autoridad pretendía decirle algo acerca de dónde podía o no entrar con Idefix... montañita de romanos inconscientes, y más cascos para la colección del "ancho de pecho".

 

    Lo dicho, nos marchamos de Lutetia y entramos en Flandes.

    El viaje es cortito, un paseo para lo que estamos acostumbrados, por lo que llegamos pronto a nuestro nuevo Hotel, donde descargamos una vez más nuestras pertenencias.

    Tenemos casi todo el día a nuestra disposición, por lo que nos pertrechamos para descubrir los secretos de Gante.

 

    Y hemos sido verdaderamente afortunados.

    Gante se encuentra en fiestas, por lo que, además de la singular belleza de esta curiosa ciudad, podemos deleitarnos con la multitud de espectáculos que se están desarrollando en plena calle.

    Hemos hecho nuestra primera incursión en las artesanales cervezas de la zona, eso sí, nada más llegar a la ciudad, para  que a la vuelta, horas después, no quede rastro de sus efectos alcohólicos.

    Con mesura.

    Aarón se cayó al canal por despiste, no porque anduviese mareado, ¡eh!

 

 

Numerosos corrillos se forman alrededor de los artistas callejeros.

 

 

    Malabares, mimos, bailes (tango y disco), marionetas, teatro callejero y un largo etcétera.

 

 

¡Ya estamos aquí, en pleno corazón de Gante!

 

 

¡Vaya movidón!

¡Que animado está todo esto!

 

 

Aunque también hay gente un tanto peculiar...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Son, por lo visto, una dama de gran alcurnia y su lacayo, que nos ha ido colocando en filas para aclamar a su señora.

 

 

Nosotros, desde lo alto de este contenedor, no nos hemos perdido un detalle del espectáculo.

La torre a nuestras espaldas, muy maja, si señor.

 

 

No nos dejan probarlo.

Por lo visto hay que tener carnet.

 

 

Acompañados por Mario, tampoco.

Por lo visto, hay que tener dinero.

 

 

¡Una vaca!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Si señor!

¡La fiestuqui!

Terrazas al borde del canal, mojitos, escenario con música en vivo, pantalla gigante, y ¡en plena calle!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De repente, se pone a llover.

A mares.

Todos nos refugiamos donde podemos, saliendo cuando para.

Vuelve a caer el diluvio, y esta vez nos pilla de lleno.

Y nosotros, con estos pelos.

 

 

Lleva un collar rosa.

Si es chica (aquí nunca se sabe), teniendo lancha es buen partido.

 

 

Otra de las atracciones que nos encontramos.

Toda esta zona está inspirada en las caravanas de feriantes antiguos.

 

    Y finalmente, tras el tercero de los chaparrones, haber pasado al menos dos veces por cada una de las calles del centro de Gante, y haber disfrutado de todos los animados rincones de la misma, es hora de volver a la tranquilidad de nuestra habitación hotelera.

 

 

"Voy a recargar fuerzas, que estos dos no me dejan parar quieto".

 

    Con la "barriguilla" llena, y el cansancio acumulado, no tardamos mas que unos segundos en caer profundamente dormidos.

    Y mañana tenemos intención de seguir nuestras "andanzas".

 

 

    Miércoles, tempranito.

    Nuestra "base de operaciones" se encuentra en Gante, y tenemos lugares cerca que patearnos, pero, como queremos recorrer Brujas, caemos en la cuenta de la cercanía de esta ciudad a la costa belga y... ¡por qué no! ¡veamos si el mar también está saladito en esta zona!

    Dicho y hecho.

    Encontramos una zona de playa muy agradable y tranquila.

    El día, bastante fresquito, al menos a estas tempraneras horas.

    En España lo calificaríamos de un mal día de playa, con aire, y relativamente frío.

    La playa es inmensa.

    La marea baja hace que tengas que andar cientos de metros por la arena, hasta llegar al agua.

    Una vez dentro del agua (porque nos bañamos), te puedes adentrar otros tantos metros, sin que el agua llegue a sobrepasarte el pescuezo.

    Unos cuantos largos a la playa nadando más tarde, decidimos que ya es hora de que los brujenses disfruten de nuestra presencia, y decidimos despedirnos de la playa.

    Wirbel y Bengel no se han bañado, por tres razones:

    - El acceso de perros a la playa está prohibido a partir de las 10 de la mañana, y mojarse para tan poco aprovechamiento... ir p'a ná, es tontería.

    ¡Ojo! La permanencia de perros en la playa está regulada pero, al menos es posible.

    Nos ganan. 

   - Son capaces de pegarse un atracón a beber agua, con la consiguiente gastroenteritis.

    - No hemos visto duchas, con agua dulce, por lo que tendrían que pasar todo el día con el salitre a cuestas. Y no digamos nada de la arena.

 

    Nos ponemos al volante de nuestro coche, y emprendemos camino a Brujas.

 

    Aparcamos cerca del centro, tomamos nuestros cachivaches (considerablemente pesados), y nos sumergimos en el bullicio brujense.

 

 

La verdad que la moto es una "chulada", pero un viaje como el nuestro es más cómodo en coche.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta fuente es muy famosa, así que...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

...tras husmear los alrededores, vamos a dejar constancia grafica de nuestra presencia.

 

 

Una toma general, sin perros, aunque la ciclista no está nada mal.

 

 

Brujas es una ciudad realmente bella.

 

 

 

Toda la zona del centro esta llena de edificaciones realmente atractivas.

 

 

Aquí nos encontramos en el Markt, el corazón de la ciudad, con multitud de turistas, monumentos muy interesantes y, lo más importante, unas patatas fritas con salsas que quitan el sentido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos han dicho que estemos quietitos, mientras salen las patatas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquí estamos posando frente a la Opera, con Papageno.

Es un pajarero, personaje de la obra "La flauta mágica" de Mozart.

 

 

El hombre-pájaro este tiene incluso su propio restaurante.

 

 

No, Aarón no está llamando por teléfono.

Es él quien ha recibido la llamada de la naturaleza.

¡Esto es un servicio publico!

Son típicos en Bélgica, así, en medio de la calle.

 

    La verdad es que, mires a donde mires, puedes contemplar detalles muy bonitos, cuidados, quizá al servicio del numeroso turismo presente.

    La sensación general es de relativa tranquilidad, a pesar de la cantidad de visitantes.

    En las calles con trafico, este no es ruidoso (no recuerdo ningún claxon) y abundan las bicicletas.

    Probablemente haya tantas como coches.

    Coincidimos, en una de las plazas con un mercadillo de productos de alimentación.

    Algunos "puestos" son un verdadero prodigio tecnológico, en todos puedes adquirir viandas típicas de la región.

    Pero eso sí... atención al puesto de Variantes (aceitunas, pepinillos, etc.).

    ¡ 16,50 € el kilo de aceitunas !

    Evidentemente, quien compra, se lleva un cacito solamente. 10 o 15 olivas.

 

 

La imagen corporativa de este asador es realmente simpática, ¿no?

 

    Tenemos bastante tiempo por delante, así que, como siempre, estamos dispuestos a no dejar de ver ninguno de los lugares al que todo guiri que se precie (y nosotros ahora lo somos) ha de acudir.

    Lo único que no nos llama demasiado la atención, es dar un paseo en coche de caballos, puesto que Wirbel y Bengel no creo que sean bienvenidos (igual me equivoco).

    La verdad es que no paran de pasar turistas, haciendo un tour equino.

    En todo caso, a pie de calle, a pesar de fatigar más, se pueden apreciar mejor todos los detalles.

    Como anécdota, os contaremos que estan realizado la limpieza de la fosa séptica de un Hotel cercano a la parte más fotografiada de la ciudad (según así consta), uno de los canales fluviales.

    Pues bien, es tal la peste reinante en un par de kilómetros a la redonda, que difícilmente se pueden realizar las susodichas fotografías, sin cambiar de color de cara, a uno un tanto verdoso.

 

 

Esta estatua está frente al mencionado Hotel.

Cuando volvemos a verla, se está tapando la nariz con las manos.

 

 

En otras zonas de la ciudad, podíamos sentirnos, por un momento, como verdaderos reyes.

 

 

Hasta el buzón es bonito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En este entorno de tranquilidad, fresquitos, pues la tarde se ha presentado soleada...

 

 

...nos permitimos el lujo de disfrutar de una media horita de siesta.

Para reponer energías.

 

    Una vez tomamos renovadas fuerzas, desandamos nuestra ruta previa, aprovechando para hacer algunas compras.

 

 

De verdad, yo pensaba que los europeos eran más estrictos en temas de seguridad que nosotros.

Así limpian las ventanas por fuera en Brujas.

Nos lo encontramos mientras paseamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uno de los caballos que realizan constantemente rutas por la ciudad, y el abrevadero que se encuentra en el punto final de su ruta. 

 

    Empachados de Brujas (no, no nos hemos comido ninguna), con algunos souvenirs a cuestas, y con tiempo restante por delante, se presenta una pregunta:

    ¿Que hacemos ahora, el resto del día?

    No nos apetece volver tan pronto a nuestro alojamiento y ¡en el coche nos aguardan nuestros trajes de baño (como diría la gente fina)!

    Las cosas sin planificar, si salen bien, suelen ser excelentes, así que...

    ...¡volvemos a la playa!

    No voy a alargarme demasiado pero, la marea ha subido, sopla un endiablado viento, y nos sumergimos nuevamente en el Mar del Norte.

    Curiosamente, en esta zona vivió un tiempo Albert Einstein (pero no se nos ha pegado nada, a pesar de compartir zona de baño).

    Unas horas de playa, y nos volvemos a Gante. Nuestras camas esperan.

    Tras haber cenado, eso sí.

    Que dormir con el estomago vacío no puede ser bueno.

    Yo, por si acaso, ni lo intento.

 

 

    Jueves 23 de julio.

    Nos marchamos de Bélgica.

    En el Hotel se han enterado que no tenemos dinero para pagar, y es preciso huir temprano, antes que sea tarde.

    Cogemos las toallas de baño, cargamos el coche, y salimos del parking, derrapando.

 

    Llegamos al hotel en el que vamos a pasar los últimos cuatro días, en nuestra particular Odisea.

    Está situado a unos minutos del lugar donde se celebrará el Open Europeo de Agility 2009, y es un buen lugar para dar un "saltito" a localidades cercanas.

    Una de estas localidades, a una hora de distancia, es Amsterdam.

    Y no vamos a perder la oportunidad de visitarla, ni mucho menos.

 

 

Una ciudad con río tiene una belleza peculiar.

Una con canales, un encanto sin igual.

 

    Tras un buen rato recorriendo la ciudad a pie, comienza a bullir en nuestros cerebros una idea, un deseo.

    Estamos en Holanda, en Amsterdam.

    ¿Qué hacemos sin una bicicleta?

    Wirbel y Bengel nos acompañan, y quiero que sigan haciéndolo.

    Tratamos de encontrar una solución para aunar ambos requisitos (bicis + perros).

    Llevarlos andando / corriendo al lado no es una opción.

    Pueden / podemos atropellarlos y, además, sería una verdadera paliza.

    Por tanto...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un perro para ti, otro para mí...

...y ¡a ver Amsterdam!

 

 

Posteriormente, adoptamos una solución más cómoda para los canes, aunque es realmente aparatosa.

 

    Nos recorremos, con nuestros recién alquilados nuevos vehículos, el centro de Amsterdam de una punta a otra, callejeando, cruzando canales, y plazas.

    Sorteando el trafico humano presente, por los carriles bici existentes por todas partes.

 

 

Esta opción, si la hubiéramos podido alquilar individualmente, hubiera sido una "pasada". 

 

    E incluso, tras dejar bien amarradas las bicicletas, volvemos a pasear relajadamente junto a los canales.

    Algunas chicas nos invitan insistentemente a pasar a sus casas.

 

    Unas horas más tarde, volvemos a Arnhem, a nuestro nuevo alojamiento.

 

 

    Viernes.

    Ya hay que volver a sentirse agilitista.

 

    Hoy tienen lugar los primeros compases del "Agility European Open 2009".

    Tenemos que hacer acto de presencia, para entregar documentación, entrenar, asistir a la Ceremonia de Apertura, y cenar.

 

    El emplazamiento en el que va a tener lugar la competición es fantástico.

    La infraestructura puesta al servicio del evento es, sencillamente, genial.

    En la zona de acampada, lugar en el que se encuentran compañeros como Imanol y Julia, Carles Fortuni y familia, nuestros compañeros de L'Horta Nord, y otros más, hay disponibilidad de conexión eléctrica.

 

 

Julia, a la puerta de su morada.

 

    Tienen duchas y aseos muy cerca. Y gratuitos.

    Todo, tanto la zona de acampada, como la de parking, como los alrededores, son extensísimas explanadas de hierba.

    La zona de competición también.

    El inconveniente, como años anteriores, es que, por la peculiar tipología del Open (cuatro pistas simultaneas), te pierdes la participación de gente destacable (por su nivel, o por ser compañeros tuyos).

    Este año, si cabe un poco más, puesto que dos pistas (las de categoría Grande) se encuentran a unos cientos de metros de las otras dos.

    El lugar, en definitiva, admite pocas criticas.

    La organización, si está teniendo algún que otro fallo.

 

    Bajo mi personal punto de vista, el E.O. carece del "rigor" de otras finales.

    La Ceremonia de Apertura, y evidentemente la de Clausura, son "poco serias".

    Los desfiles por naciones son un poco "de cachondeo" (si me permitís la expresión).

    Un poco desorganizados.

    La gente acude a pasarlo bien, a un fin de semana de convivencia mediante el Agility pero, al igual que el nivel competitivo es altísimo, puesto que la gente no bromea con ello, creo que la configuración de las Ceremonias debería mejorarse.

    Soy consciente de la dificultad de hacer que el sonido llegue a todos en un espacio abierto, pero si no oímos nada, no es posible que la gente aguante una Entrega de Trofeos de más de una hora de duración sin perder el interés.

    Eso sí, siendo justos, mi mas sincera enhorabuena para Bernd Hüppe, quien, al dar por abierto el Open, lo hace en todos los idiomas oficiales de la F.C.I., y en holandés.

    Lo hace en español, como ha de ser, y en el Campeonato del Mundo de Agility de la F.C.I. deberían tomar ejemplo.

 

   En cuanto a nosotros, los españoles...

    Algunos hemos comentado que el Open representa una buena oportunidad de pasar unas divertidas jornadas, en compañía de nuestros conocidos, y de otros agilitistas que, por desgracia, nos aventajan en nivel.

    Pero nos ha vuelto a llamar la atencion la diferencia existente entre nosotros y el resto de paises, en cuanto a "imagen corporativa".

    Tenemos que ponernos las pilas.

 

    Este año hemos "casi" coincidido en la imagen que damos al exterior.

    Me refiero a nuestra identidad como país.

    Evidentemente, no existe.

    Se ha conseguido que en las ceremonias, la mayoría vistiéramos prendas similares (en este caso, una camiseta roja, serigrafiada en la espalda con la palabra España).

    Digo la mayoría, porque no hemos sido todos.

    Unos ni siquiera lo han considerado, otros si vestían la camiseta, pero la tapaban con otra prenda.

    De este modo, sí, la tenía (soy de España), pero no se veía (no me identifico con ese país).

    Ya hace un par de años que a este evento, en el caso de España, no se inscribe uno por su cuenta (al principio sí, como aun lo hacen algunos países), y eso hay gente que no termina de aceptarlo.

    Por mucho que duela, cuando nos llaman a pista a los que procedemos de más abajo de los Pirineos (excepto a los lusos), lo hacen porque venimos a representar a España.

    Si no, creo que no hubieran aceptado nuestra inscripción.

    Nos gusta parasitar de nuestra nación para estar aquí, pero aquí nos vestimos con otros hábitos.

    Noble sería esperar a tener reconocida identidad propia, y luego exhibirla.

    Para eso lucharon, en el pasado, personajes como Andrés Torrejón, o Agustina de Aragón (curiosamente los maños, sin dejar de serlo, no dudan en exhibir la bandera española a su puerta, como en la foto de más arriba).

 

    No pretendo con estas líneas hacer un texto de exaltación nacional, aunque en mi derecho estoy de ser tan nacionalista como el que más.

    El problema es que, antes de poner un pie en el terreno de competición, ya estamos muy por detrás del resto de países.

    Visten igual, y dan una imagen de unidad.

    Y no nos sirve decir que a lo que venimos es a competir en Agility, no a hacer patria, porque, y mira que lo digo con el mayor de los pesares, en eso (desgraciadamente, repito) también nos han superado.

    Y soy el primero en entonar el "mea culpa".

 

    Volviendo a los detalles organizativos del Open...

    Se programa una cena-barbacoa para la noche del viernes, y otra para la del sábado.

    El importe de las mismas, es de 15 €.

    Ya el año pasado, en Alemania, tuvo lugar algo similar y, la verdad, fue bastante exitosa.

    En esa ocasión, la comida fue muy abundante, al igual que la afluencia de asistentes.

    Este año, es un verdadero fracaso.

    Afortunadamente, sólo nos hemos apuntado a la celebrada el viernes.

    Por parte española, sólo acudimos Aarón, David, Silvia, Imanol, Julia, y yo.

    Habrá otras 50 personas más, como mucho.

    Media hora antes de comenzar la cena, empieza a llover a cantaros (algo imprevisible, por supuesto).

    En un ambiente de colaboración, y cordialidad internacional, aunamos esfuerzos para desplazar varias carpas, para que el resto de asistentes puedan cenar bajo techo.

    Disponen cuatro barbacoas a gas, en las cuales puedes prepararte tus viandas, según tu personal gusto.

    TUS viandas.

    Limitadas y controladas.

    Colocan a un par de ancianos (ya habían pasado la pubertad mucho antes del desembarco de Normandia, o del paracaidista de Arnhem).

    Ella te da los platos de papel.

    Uno azul (para la ensalada), y uno verde (para la carne). No mezclar. Como en Barrio Sésamo.

    El te surte de carne.

    Una hamburguesa, una salchicha, un "pedazo" de pavo (este no estaba mal).

    Ni más, ni menos.

    No se permitían trueques (salchicha por hamburguesa, o similar), o la nonagenaria te morderá con la prótesis dental.

    He estado en entierros con mas ambiente que esta cena.

 

 

    La crónica del sábado y domingo se puede resumir relativamente rápido.

    El tiempo acompaña.

 

 

Julia y Silvia, inseparables, de camino a la zona de compras.

 

    Chubascos aislados, y temperatura media reinante relativamente calurosa.

    Únicamente hay un lugar de venta de comida, y consiste básicamente en fritos (patatas con salsas, y rebozados varios).

    La bebida, cara, y del tiempo (es decir, calentorra).

 

 

Silvia está teniendo momentos más y menos eufóricos, pero, una vez ha arrancado, se lo está pasando bien (creo).

 

    La Organización comete algún que otro error de bulto con las calificaciones, que nos afecta y perjudica personalmente.

    Y cuando no es la Organización, la pifia uno de los señores Mowen.

    Aunque no cargaremos contra los jueces, cuando la verdadera responsabilidad ha de ser de quien organiza.

    Creo que está muy bien que este evento trate de reunir (y de hecho lo consigue) a un gran numero de participantes de gran nivel, pero no puede permitirse el no disponer de dos jueces supervisando la pasarela.

    Esto ya es algo que "se esta poniendo de moda", y en grandes eventos o finales, como este Open, no puede dejarse este cabo suelto.

 

 

    En el terreno competitivo, no podemos acceder a puestos de renombre, ni en individual, por meritos propios, ni por equipos, por lo mismo, sumado a la particular manera de calificar del E.O..

 

    Una vez acabado el evento, hemos tenido tiempo de dar un paseo con nuestros estimados maños y Silvia, cenar juntos, e incluso echar unas carreritas contra unos eslovenos que han montado una competición tipo canódromo.

 

 

David tiene por delante la recogida de los bártulos, ordenar el coche, y preparar la cena.

 

    A nuestra llegada no, pero creemos que, fuera de nuestra vista, se debían estar moviendo apuestas económicas, tales eran los gritos de animo.

 

    Mientras preparamos la cena, podemos entretenernos con una exhibición de habilidades caninas, a cargo de dos de nuestras compañeras.

    ¡Con todos ustedes, Xula y Rita!

 

 

Al igual que sus dueñas, Xula y Rita son buenas amigas.

 

 

Sus humanas tendrán sus cotilleos, pero, ¿y ellas? ¿que se contarán ellas?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rita y Xula nos estaban dedicando sus mejores poses, cual modelos, cuando...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

...¿Pero que es esto?

¡La tienda se nos viene encima!

¡David, que nos aplastas!

 

 

No os riáis, ¡que no me ha hecho ninguna gracia!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Xula sabe bailar.

Y tiene ritmo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Creo que estaba bailando "Walk like an egipcian", de  The Bangles.

Rita no se quiere quedar atrás, pero juega con ventaja.

¡Se esta apoyando en el rabo!

 

 

Xula sabe hacerse la muerta.

Aunque aquí, todavía esta agonizando.

 

 

Esto es control mental.

Yo, no sólo no soy capaz de conseguir que sostenga la croqueta en el stop...

...ni siquiera soy capaz de colocarla ahí, sin perder los dedos.

 

    Nos lo hemos pasado muy bien, eso sí.

 

    Evidentemente, hemos retornado a Madrid.

    Pero el cómo, y cuando, ya es otra historia.

 

    Un saludo a todos.

 

 

Mario.